Voz narrativa
El narrador es la instancia productora del discurso narrativo, y de la relación de ambos nace la narración. El narrador es una figura autónoma que cuenta con características y rasgos específicos, y que no necesariamente se mantiene idéntica e invariable a lo largo de una misma obra narrativa, razones por las que todo análisis narrativo debe asumir el estudio de esas característica, modificaciones o permanencias.
Para analizar la figura del narrador es necesario considerar los aspectos de voz y de modo que lo definen. Entre los primeros se encuentran:
I. Tiempo de la narración
La principal determinación de la instancia narrativa es su posición relativa respecto de la historia.
Se puede contar una historia sin precisar su localización espacial ni la distancia que existe entre ésta y la instancia narrativa, pero no se puede no situarla temporalmente en relación con el acto narrativo.
Así, según el punto de vista de la posición temporal del narrador respecto a los acontecimientos que relata existen cuatro tipos de narración:
1. Ulterior: posición clásica del relato en el pasado. El empleo de un tiempo de pasado basta para designarla como tal, sin por ello indicar la distancia temporal que separa el momento de la narración del momento de la historia. No es extraño que aparezca una relativa contemporaneidad de la acción (que se revela por la utilización del presente) en el inicio o, con más frecuencia, en el final de una novela. Contrariamente a la narración simultánea o intercalada, que viven de su duración y de las relaciones entre esa duración y la de la historia, la narración ulterior vive de esa paradoja: tiene a la vez una situación temporal (con relación a la historia pasada) y una esencia intemporal, ya que carece de duración propia.
2. Anterior: relato predictivo localizado en el futuro pero que nada impide conducir al presente. Se da casi exclusivamente en el relato de segundo nivel donde es predictivo con relación a su instancia narrativa inmediata pero no con relación a la instancia última.
3. Simultánea: relato en el presente contemporáneo de la acción. Parece como si el empleo del presente, al aproximar las instancias, rompiera su equilibrio y permitiese al conjunto del relato, según el más ligero desplazamiento de la insistencia, inclinarse bien del lado de la historia (primeras novelas de Robbe-Grillet) bien del lado de la narración, es decir, del discurso (monólogo interior).
4. Intercalada: entre los momentos de la acción. Se trata de una narración en varias instancias. La estrechísima proximidad entre historia y narración produce, la mayoría de las veces, un efecto muy sutil de roce entre le ligero desfase temporal del relato de acontecimientos y la simultaneidad absoluta de la exposición de los pensamientos y los sentimientos (mezcla de cuasi-monólogo interior y relato a posteriori). Aquí la focalización en el narrador es a la vez focalización sobre el protagonista.
II. Niveles narrativos
Se pueden diferenciar, por lo menos, tres niveles narrativos: extradiegético, diegético (o intradiegético) y metadiegético, de los cuales los dos primeros están siempre presentes en toda obra narrativa. Dichos conceptos no designan personas sino situaciones relativas y funciones.
Todo acontecimiento contado por un relato está en un nivel diegético inmediatamente inferior a aquel en que se sitúa el acto narrativo productor de dicho relato. De esta manera, la instancia narrativa de un relato primero es por definición extradiegética, mientras que la instancia narrativa de un relato segundo (metadiegético) es por definición diegética, etc. Pero no necesariamente toda narración extradiegética se asume como obra literaria ni su protagonista es un narrador-autor en posición de dirigirse a un público calificado como tal: en la novela epistolar existen los “editores” y los autores ficticios de las cartas (o diarios) publicadas y organizadas por sus editores y que no se consideran autores. Tampoco es forzoso asumir la narración extradiegética como narración escrita (ni siquiera hablada). Y a la inversa: no toda narración diegética produce un relato oral (puede constituir un texto escrito, un texto literario ficticio) ni escrito (puede tratarse de un relato interior: sueño, recuerdo rememorado); y puede ser asumido por una representación no verbal (por lo general, visual) que el narrador convierte en relato al describir él mismo esa especie de documento iconográfico o haciendo que lo describa un personaje.
Puesto que en todo relato de ficción el narrador tiene un papel ficticio (aunque lo asuma directamente el autor) y la situación narrativa supuesta puede ser, por ende, muy diferente del acto de escritura, no hay que confundir el carácter extradiegético (del narrador) con la existencia histórica real, ni el carácter diegético (o incluso metadiegético) con la ficción: París y Balbec, en En busca del tiempo perdido de Proust, están en el mismo nivel, aunque uno sea real y el otro ficticio.
Metalepsis narrativa
El paso de un nivel narrativo a otro no puede asegurarse en principio sino por la narración, acto que consiste en introducir en una situación, por medio de un discurso, el conocimiento de otra situación. Toda intrusión del narrador o del narratario extradiegéticos en el universo diegético (o de los personajes diegéticos en el universo metadiegético, etc.), o a la inversa, se considera una infracción y produce un efecto de extravagancia, y reciben el nombre de metalepsis narrativa.
Relato metadiegético reducido o seudiegético: consiste en contar como diegético lo que se ha presentado como metadiegético en su principio, es decir, cuando el trasmisor metadiegético, mencionado o no, resulta eliminado inmediatamente en beneficio del narrador primero, lo que en cierto modo ahorra un nivel narrativo (o varios).
III. Persona
En la medida en que el narrador puede intervenir en todo momento como tal en el relato, toda narración se hace, por definición, virtualmente en primera persona (aunque sea en plural académico). La cuestión es la de si ha tenido o no el narrador ocasión de emplear la primera persona para designar a uno de los personajes. Así, distinguiremos dos tipos de relato: uno de narrador ausente de la historia que cuenta, otro de narrador presente como personaje en la historia que cuenta:
1. Narrador heterodiegético: ausente de la historia que cuenta.
2. Narrador homodiegético: presente como personaje en la historia que cuenta. Cuando además es protagonista de la historia recibe el nombre de autodiegético.
El paso de una persona a otra se considera igualmente una infracción. Así, cuando un narrador homodiegético desparece explícitamente como personaje de la diégesis o a la inversa, o cuando se produce un cambio de persona gramatical para designar a un mismo personaje (del “yo” al “él” o a la inversa) estableciéndose una relación variable o flotante (vértigo pronominal), se considera que el narrador carece de acepción de persona.
Si definimos, en todo relato, el estatuto del narrador a la vez por su nivel narrativo y por su relación con la historia, podemos representar mediante un cuadro de doble entrada los cuatro tipos fundamentales de estatuto del narrador:
| (en primer grado) |
(en segundo grado) |
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(no-personaje) |
||||
(personaje) |
Gérard Genette: Figuras III, cap. 5 .



