Kojiki: Los padres primigenios
Entonces los dioses celestiales dieron todos una orden a las dos divinidades Izanagi e Izanami y dijeron: «¡Ordenad, dad consistencia y acabad este país que flota!» Les proporcionaron la Celestial Lanza de Joyas y les dieron estas instrucciones. Por eso las dos divinidades se pusieron en el puente flotante del cielo y empujaron la lanza de joyas hacia abajo; revolvieron y, revolviendo, hicieron cuajar la marea salada, y cuando alzaron la lanza, el líquido que goteaba de la punta se solidificó y formó una isla. Es la isla de Onogoro.
Descendieron del cielo a esta isla, erigieron la Augusta Columna Celestial y construyeron la Sala de Ocho Brazas. Luego, cuando preguntó a su hermana menor Izanami no mikoto: «¿Cómo está formado tu cuerpo?», ella contestó: «Mi cuerpo se hace y se hace, pero hay un lugar que no acaba de hacerse». Entonces dijo Izanagi: «Mi cuerpo se hace y se hace, pero hay un lugar que se hace en exceso. ¿Qué te parecería si metiera el lugar de mi cuerpo que se hace en exceso en el lugar de tu cuerpo que no acaba de hacerse y generáramos países?» Izanami respondió: «¡Será bueno!». Entonces dijo Izanagi: «En tal caso, tú y yo daremos una vuelta a esta Augusta Columna Celestial y nos encontraremos y nos uniremos conyugalmente». Juraron hacerlo, y él dijo: «Ve tú hacia mí por el lado derecho y yo iré hacia ti por el lado izquierdo». Anduvieron alrededor de la columna según lo prometido, e Izanami no mikoto habló primero: «¡Oh, qué buen muchacho!». A lo cual Izanagi contestó: «¡Oh, qué buena muchacha!». Dicho esto, se dirigió a su hermana menor y esposa: «No es bueno que la mujer hable primero.» Sin embargo, consumaron el matrimonio y engendraron al hijo Hiruko [«niño-sanguijuela»]. Pusieron a este hijo en un bote de juncos y lo abandonaron. A continuación engendraron la isla de Aha [Awa]. Tampoco contaron a esta entre sus hijos.
A continuación las dos divinidades deliberaron y dijeron: «El hijo que acabamos de alumbrar no es bueno. Deberíamos dar parte de ello a los dioses celestiales». Juntos ascendieron y pidieron instrucciones a los dioses celestiales. Adivinaron los dioses mediante la Gran Adivinación y dieron la siguiente orden: «No ha sido bueno porque la mujer habló primero. Regresad abajo y volved a hablar». Por eso descendieron de nuevo y dieron la vuelta a la Augusta Columna Celestial como antes. Esta vez fue Izanagi no mikoto el primero en hablar: «¡Oh, qué buena muchacha!». A continuación habló Izanami no mikoto: «¡Oh, qué buen muchacho!». Dicho esto, se juntaron, y el niño que nació era la isla de Ahaji [Awaji] no Honosa-wake. Luego engendraron la isla de Iyo no Futana. [...] Luego engendraron la isla trilliza de Oki [...]. Luego engendraron la isla de Tsukushi. [...] Luego engendraron la isla de Iki, que tiene también otro nombre, el de Ame-hitotsu-hashira [«Columna Una Celestial»]. Luego engendraron [la isla de] Tsushima [...]. Luego engendraron la isla de Sado. Luego engendraron [la isla de] Oho-Yamato Toyo-akitsu-shima [...]. Como estas islas nacieron primero, se las llama «Gran País de las Ocho Islas».
[Siguen a continuación seis islas.]
Concluido el parto de los países, siguieron engendrando dioses, [...un total de 31 divinidades]. Luego engendraron a Ohogetsu-hime no kami [«Gran Princesa de la Alimentación»]. Luego engendraron a Hi no Yagihayawo no kami [«Hombre del Fuego de Rápida Combustión»]. Se llama con otro nombre Hi no Kaga-biko no kami, y con otro nombre Hi no Kagutsuchi no kami.
Naumann, Nelly [1996]. Antiguos mitos japoneses. Barcelona: Herder, 1999



